Adoro mi pequeño cuarto justo a esta hora, cuando comienza el crepúsculo.
La luz tenue se cuela por la ventana y a lo lejos un Nauhcampatépetl (cofre de perote) parece estar mas ausente que presente. Se oyen las aves libres y las enjauladas, los perros callejeros y los de casa, las comadres y los mocosos.
Allá donde debería de divisarse el Citlatépetl solo hay nubes y delante de ellas el pequeño cerro de Xico se vislumbra aferrándose a ser visto entre la neblina que lo cubre y los tendederos.
Mientras mi cuarto permanece quieto, el claroscuro hace que el protagonista del momento sea la ventana, el teatro sucede allá, ella es la pantalla.
Ella solo es la protagonista si la miras de adentro hacia afuera, por que de afuera hacia adentro solo es un ojo mas por donde ya casi no se cuela la luz.
Sin embargo 10 minutos mas tarde, cuando ya estoy a punto de terminar de escribir, comienza a cerrarse el telón y las luces se encienden. Ya no sera tan fácil mirar hacia afuera, pero si que te miren adentro.
18.12.11.18:18

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